Cuenta la leyenda, que en el país de las pequeñas hadas; cierta vez una de ellas se escapó. Quería ver el mundo de las personas grandes. Al llegar a la tierra, sus alas se escondieron y su pequeña luz brillante se hizo corpórea, pues esa era la pequeña penitencia por escapar...ser como los humanos. La pequeña hada se convirtió en bebé y creció y creció, y aprendió a sufrir pero sobre todo a amar, y con cada piedra que le puso la vida, en su interior construía un hermoso castillo forjado de experiencia y de amor. Y todas estas enseñanzas las esparcía sin rubor al mundo, y repartía ese polvo de hadas que transformado en amor alegraba la casa del triste y secaba las lágrimas del descontento. Como no podía ser de otra manera, esa niña ahora mujer, se hizo maestra. Los niños permanecían a su lado, confiaban en ella y le llamaban MAESTRA, con letras grandes, tanto como se puede llamar a alguien en el que confías ciegamente. Y no solo era maestra para los niños, también para los...digamos niños grandes, amigos, conocidos, etc...a los que sabiamente aleccionaba, por eso la tenían en tan alta estima. Cuenta la leyenda, que por ser en principio una hada, su voz acariciaría los oídos de todos los presentes. Es de todos sabido que las hadas cantan y cantan sin parar, y en efecto así era; la voz cantante en toda fiesta.
La leyenda continua, pues aún hoy esa luz de hadas sigue reencarnándose en otras niñas que acaban siendo guías de los más pequeños. Generación tras generación, su luz sigue viva en otra alma. Quizás hayáis hablado con alguna, ella no sabe que tiene alma de hada, pero su sola presencia alegra el corazón. Lo único que sabemos hoy, es que vida tras vida renace...y siempre... la llaman María.
Por Jordi luna

No hay comentarios:
Publicar un comentario